19.8.11

El odio de la música/Pascal Quignard

Escuchar y obedecer.

La primera vez que Primo Levi escuchó la fanfarria en la entrada del campo tocando Rosamunda, le costó reprimir la risa nerviosa que se apoderó de él. Vio aparecer los batallones que volvían al campo siguiendo una marcha extraña: avanzaban en filas de cinco, casi rígidos, el cuello derecho, los brazos pegados al cuerpo, como hombrecitos de plomo, la música les alzaba las piernas y levantaba decenas de miles de borceguíes de madera, manejando los cuerpos como si fueran autómatas.

Los hombres tenían tan pocas fuerzas que los músculos de las piernas obedecían a pesar de ellos a la fuerza propia de los ritmos que la música del campo imponía y que Simon Laks dirigía.

Primo Levi llamó "infernal" a la música.
Pese a no recurrir casi nunca a imágenes, Primo Levi escribió: "Sus almas están muertas y es la música la que las impulsa hacia adelante, como el viento a las hojas secas, y se transforma en su voluntad".

Luego señala el placer estético experimentado por los alemanes ante estas coreografías matutinas y vespertinas de la desgracia. No fue para atenuar el dolor, ni para conciliarse con sus víctimas, la causa de que los soldados alemanes organizaran la música en los campos de la muerte.

1. Fue para aumentar la obediencia y unirlos a todos en esa fusión impersonal, no privada, que engendra toda música.

2. Fue por placer, placer estético y gozo sádico, experimentado en la audición de melodías animadas y en la visión de un ballet de humillación danzado por la tropa de aquellos que cargaban con los pecados de quienes los humillaban.
Fue una música ritual.

Primo Levi reveló la más antigua función asignada a la música. La música, escribe, era sentida como un "maleficio". Era una "hipnosis del ritmo continuo que anula el pensamiento y duerme el dolor".

Toda la música ya está en el silbato del SS. Es una potencia eficaz, provoca una actitud inmediata. Del mismo modo que el campanario del campo desencadena el sueño, y así la pesadilla onírica se interrumpe para dar paso a la pesadilla real. Siempre el sonido hace "ponerse de pie". La función secreta de la música es convocar. Es el canto del gallo que hace llorar a San Pedro.

¿Cómo escuchar música, cualquier música, sin obedecerla?
¿Cómo escuchar música desde afuera de la música?
¿Cómo escuchar música con los oídos cerrados?
Simon Laks, que dirigía la orquesta, tampoco se situaba en el "exterior" de la música so pretexto de que la dirigía.

Primo Levi prosigue: "Había que escucharla sin obedecer, sin padecerla, para comprender lo que ella representaba, por qué razones premeditadas los alemanes habían instaurado ese rito monstruoso, y por qué aún hoy, cuando una de esas inocentes cancioncillas nos viene a la memoria, sentimos que la sangre se nos hiela en las venas".

Primo Levi continúa diciendo que esas marchas y esas canciones se grabaron en los cuerpos: "Será lo último que olvidaremos del Lager pues son la voz del Lager." Es el instante en que el canturreo que vuelve adquiere la forma del malestar. El melos altera el ritmo corporal, se confunde con la molécula sonora personal, y entonces, escribe Primo Levi, la música aniquila. La música deviene "la expresión sensible" de la determinación con la que los hombres se proponen exterminar a los hombres.

Compartido por José Quezada