3.8.11

El corazón de las tinieblas/Mauricio Molina

I Los rostros de Kampuchea

Entre 1975 y 1979 más de un millón doscientos cincuenta mil camboyanos -uno de cada seis de la población total- murieron a manos del Khmer Rojo, dirijido por un oscuro y misterioso dictador llamado Pol Pot. Bastaba con usar lentes, conocer un idioma occidental, ser periodista, pintor, o tener libros en casa para ser condenado a muerte. Las esposas y los esposos de los condenados, así como sus hijos, corrían el mismo destino. Las torturas aplicadas a los prisioneros eran bastante simples y primitivas: golpes en todo el cuerpo, cortes en la piel, o simplemente los dejaban morir de hambre. Los bebés de brazos eran arrojados al aire y al caer se clavaban en las ballonetas de los verdugos. Largos interrogatorios precedían a las ejecuciones. La pregunta fundamental era: piensa por qué estás aquí, quiénes son tus cómplices, busca en lo más profundo de tu mente cuál es la razón por la que fuiste encarcelado, recuerda que el Partido nunca se equivoca. 


Marcas sobre una pared de Tuol Sleng, campo de exterminación del Khmer Rojo

III La canción del verdugo

(extracto del manual del Interrogador del campo S-21):

El propósito de la tortura es conseguir respuestas.
No es algo que hagamos para divertirnos
sólo debemos lastimarlos para que respondan con rapidez.
Hay que hacer que pierdan la voluntad.
Los golpeamos para atemorizarlos, no para matarnlos
para torturarlos hay que revisar su estado de salud primero y la condición del látigo.
No seas tan cruel como para matarlos rapidamente o nunca obtendrás la información necesaria.
Encuentra sus puntos débiles
doblégalos con propaganda o con tortura
no permitas que mueran
no permitas que se deterioren al punto que sea imposible interrogarlos.
Nunca se interroga a un prisionero al 100%
un prisionero puede confesar, pero si se ha tragado anzuelos, tiene que pasar mucho tiempo
entre doctores y medicinas útiles.
El partido es pobre y no se puede dar esos lujos...

Pintura realizada por Vann Nath, pintor campesino que fue torturado en Tuol Sleng (por ser pintor) y uno de los siete únicos sobrevivientes del campo (también por ser pintor)

IV Réquiem

Lo más enigmático del Khmer Rojo era su voluntad de probar y documentar. Cada uno de los prisioneros del campo de exterminio S-21 era fotografiado y a cada imagen se le anexaban los pormenores de su interrogatorio. Cada que alguien muere, un mundo desaparece. Cada ser humano se lleva a la tumba el enigma de su propia identidad. Estos rostros enigmáticos, rostros que nos miran desde la muerte, nos revelan que toda esta alteridad no puede ser sometida y que aún después de muertos estos seres se llevaron consigo la prueba de su libertad más profunda: ocultos bajo esos ojos, bajo ese gesto impávido, bajo esas miradas perdidas, estos seres se llevaron consigo el secreto de sus sueños y sus deseos, el secreto de sus infancias y sus amores. Torturados y póstumos, aún después de muertos son libres.

Registro fotográfico de prisioneros de Tuol Sleng

Durante el breve tiempo que duró la República Popular de Kampuchea, Pol Pot, un oscuro maestro de escuela que había estudiado radio y electrónica en Francia en los años cincuenta, y cuyo verdadero nombre era Saloth Sar, prohibió el cine, la televisión y casi cualquier tipo de publicación. Su modelo era el proceso de colectivación llevado a cabo por Stalin en Ucrania en los años treinta y, sobre todo, la formación del Hombre Nuevo a partir de la Revolución china de los años sesenta. El único medio de comunicación posible era la radio. Innumerables discursos eran transmitidos a la población por altoparlantes. A diferencia de los rostros de sus víctimas, se conocen muy escasas fotos de Pol Pot. Su única presencia fue la de la voz, una voz maligna que venía del más allá.

Registro fotográfico de prisioneros de Tuol Sleng

Los nazis fueron derrotados, pero Auschwitz sobrevivió; cayeron los verdugos, pero sus acciones se han vuelto inmortales, ya que son ellas las que se han perpetuado; cayó Stalin,pero sobrevivieron los Gulags; desaparecieron las dictaduras militares, pero la tortura es hoy el pan de cada día. En el momento en que estas líneas son escritas o son leídas, una persona está siendo torturada. Los hornos siguen encendidos. Un nuevo Pol Pot espera siempre,acechante, en el corazón de las tinieblas.



Revista Luna Córnea, Número 11 Ene/Abr 1997