26.12.11

Los juegos y los hombres. La máscara y el vértigo/Roger Caillois

 


Otro ejemplo sorprendente del paso de una diversión solitaria a un placer de competencia e incluso de espectáculo es el balero. El de los esquimales representa de manera muy esquemática un animal: un oso o un pez. Está horadado con múltiples perforaciones. El jugador debe ensartarlas todas en un orden determinado, con el estilete en toda la mano. Luego, vuelve a empezar la serie con el estilete sostenido en el índice cerrado; después con el estilete saliendo del pliegue del codo, luego sujeto entre los dientes, mientras el cuerpo del instrumento describe figuras cada vez más complicadas. Cada jugada fallida obliga al jugador torpe a pasar el artefacto a un rival. Éste emprende la misma progresión, trata de compensar su retraso o de tomar ventaja. Al tiempo que lanza y atrapa el balero, el jugador mima una aventura o analiza una acción. Cuenta un viaje, alguna cacería o un combate, enumera las diferentes fases del destazado de la presa, operación que es monopolio de las mujeres. A cada nuevo hoyo, anuncia triunfante:

            Ella toma su cuchillo
            Corta la foca
            Le quita la piel
            Saca los intestinos     
            Abre el pecho
            Saca las entrañas
            Saca las costillas
            Saca la columna vertebral
            Quita la pelvis
            Quita los miembros posteriores
            Quita la cabeza
            Quita la grasa
            Dobla la piel en dos
            La empapa en la orina
            La pone a secar al sol
            …

En ocasiones, el jugador la emprende con rival y en la imaginación emprende la tarea de cortarlo en pedazos:

            Te asesto un golpe
            Te mato
            Te corto ola cabeza
            Te corto un brazo
            Y luego el otro
            Te corto una pierna
            Luego otra
            Los pedazos a los perros
            Los perros comen…

Y no sólo los perros, sino también los zorros, los cuervos, los cangrejos y todo lo que se le ocurre. Antes de volver a la lucha, el otro previamente tendrá que reconstruir su cuerpo en el orden inverso. Esa persecución ideal va subrayada por los clamores de los asistentes, que siguen con pasión los episodios del duelo.

*

La máscara es un objeto sagrado, difundido universalmente y cuyo paso al estado de juguete tal vez señale una mutación capital en la historia de la civilización. Pero hay otros casos bien comprobados de este tipo de desplazamiento. La cucaña se vincula a los mitos de la conquista del cielo y el futbol a la disputa del globo solar entre dos fratías antagónicas. Algunos juegos de cuerdas sirvieron para augurar la preeminencia de las estaciones y de los grupos sociales que les correspondían. Antes de ser un juguete en Europa hacia fines del siglo XVIII, la cometa figuraba en el Extremo Oriente al alma exterior de su propietario que permanecía en la tierra, aunque vinculado mágicamente a la frágil armadura de papel abandonada a los remolinos de las corrientes de aire. En Corea, la cometa hacía función de chivo expiatorio para librar de los males a una
comunidad de pecadores. En China fue utilizada para medir las distancias; a manera de telégrafo rudimentario, para transmitir mensajes simples y, finalmente, para lanzar una cuerda por encima de una corriente de agua y permitir tender así un puente de barcos. En Nueva Guinea, se empleaba para remolcar embarcaciones. La rayuela probablemente representaba el laberinto en que se extraviaba en un principio el iniciado. En el juego de pillapilla, tras la inocencia y la agitación se ha reconocido la temible elección de una víctima propiciatoria: designada por un fallo del destino, antes de serlo por las sílabas sonoras y vacías de la ronda infantil, la víctima podía –o cuando menos eso se supone- deshacerse de su mancha pasándola por contacto a quien alcanzaba corriendo.

En la India védica, el sacrificante se mece en un columpio para ayudar al sol a subir al cielo. Se supone que el trayecto del columpio vincula al cielo y a la tierra. El columpio se asocia comúnmente a las ideas de lluvia, de fecundidad y de renovación de la naturaleza. En primavera se mece solemnemente a Kama y a Krishna. El columpio cósmico lleva consigo al universo en un vaivén eterno en que son arrastrados los seres y los mundos.

*

Con la simulación se observa una especie de desdoblamiento de la conciencia del actor entre su propia persona y el papel que representa; en cambio, con el vértigo hay desconcierto y pánico, si no es que eclipse absoluto de la conciencia. Más por el hecho de que, de suyo, el simulacro sea generador de vértigo y el desdoblamiento, fuente de pánico se crea una situación fatal. Fingir que se es otro enajena y transporta. Llevar una máscara embriaga y libera. De suerte que, en ese terreno peligroso donde la percepción se trastorna, la conjunción de la máscara y del trance resulta de lo más temible. Provoca tales accesos, alcanza tales paroxismos que el mundo real resulta aniquilado pasajeramente en la conciencia alucinada del poseído.

*

La alianza del simulacro y del vértigo es tan fuerte y tan irremediable que pertenece naturalmente a la esfera de lo sagrado y tal vez constituya uno de los resortes principales de la mezcla de horror y de fascinación que lo determina.

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En la antigüedad, la rayuela era un laberinto en que se empujaba una piedra –es decir, el alma- hacia la salida. Con el cristianismo, el diseño se alarga y se simplifica. Reproduce el plano de una basílica: se trata de hacer llegar el alma, de empujar el guijarro hasta el  Cielo, el Paraíso, la Corona o la Gloria, que coinciden  con el altar mayor al de la iglesia, representado esquemáticamente en el suelo mediante una sucesión de rectángulos. En la India se jugaba al ajedrez con cuatro reyes. El juego pasó al Occidente medieval. Bajo la doble influencia del culto a la Virgen y del amor cortés, uno de los reyes se transformó en reina o en dama, que llegó a ser la pieza más fuerte, mientras que el rey se veía confinado al papel de pieza ideal pero casi pasiva de la partida. Sin embargo, lo importante es que estas vicisitudes no han afectado la continuidad esencial del juego de la rayuela o del juego del ajedrez.

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Para una inteligencia infinita, para el demonio que imaginó Maxwell, el destino de Esparta tal vez era legible en el rigor militar de los juegos de la palestra, el de Atenas en las aporías de los sofistas, la caída de Roma en los combates de los gladiadores y la decadencia de Bizancio en las disputas del hipódromo. Los juegos crean hábitos, provocan reflejos. Hacen esperar cierto tipo de reacciones y por consiguiente invitan a considerar las reacciones opuestas.

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No es indiferente que el deporte anglosajón por excelencia sea el golf; es decir, un juego en que cada cual, en todo momento, tiene tiempo de hacer trampa a placer y como mejor lo entiende, pero en que el juego pierde estrictamente todo interés a partir del momento en que se hace trampa. Luego, en los mismos países, es posible no sorprenderse de una correlación con la conducta del contribuyente respecto al fisco o del ciudadano respecto al Estado.


*

Odín, cuyo nombre, para Adán de Bremen, es equivalente de “furor”, por lo esencial de su mitología permanece como un perfecto chamán. Se transforma en toda clase de animales, se transporta al punto a cualquier lugar, es informado por dos cuervos sobrenaturales, Huqui y Munin. Permanece nueve días y nueve noches suspendido de un árbol para obtener de él un lenguaje secreto y apremiante: las runas. Funda la necromancia, interroga a la cabeza momificada de Mimar. Aún más, practica la seidhr, que es sesión chamánica pura, con música alucinante, ropaje ritual (abrigo azul, gorro de cordero negro, pieles de gatos blancos, bastón, cojín de plumas de gallina), viajes al otro mundo, coro de auxiliares para previsión, trances, éxtasis y profecía. Asimismo, los berserkers que se transforman en fieras están vinculados directamente a las sociedades de máscaras.

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Los efebos espartanos se entregan a la licantropía, igual que los hombres-panteras y que los hombres-tigres del África ecuatorial. Durante la criptia, hagan o no cacería de ilotas, es seguro que llevan una vida de aislamiento y de emboscadas. No deben ser vistos ni sorprendidos. No se trata en ninguna medida de una especie de preparación militar: eso no concuerda en absoluto con el modo de combatir de los hoplitas. El hombre joven vive como lobo  ataca como lobo: solitario y de improviso, con un salto de fiera salvaje. Roba y mata impunemente, mientras sus víctimas no logren atraparlo. La prueba implica los peligros y las ventajas de una iniciación. El neófito conquista el poder y el derecho de comportarse como lobo; corre el riesgo de ser destrozado por los lobos y se prepara para destrozar a los hombres.

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Al loco ya no se le considera intérprete perdido de un dios que lo habita. No se imagina que profetice o que tenga la facultad de curar. De común acuerdo, la autoridad es cosa de calma y de razón, no de frenesí. Fue preciso absorber también la demencia y la fiesta: todo barullo prestigioso, nacido del delirio de un espíritu o de la efervescencia de una multitud. La ciudad pudo nacer y crecer a ese costo, los hombres pasad del ilusorio dominio mágico del universo, repentino, total y vano, a la lenta pero efectiva domesticación técnica de las energías naturales.

*

Juegos de espejos, fenómenos y espectros concurren al mismo resultado: la presencia de un mundo ficticio en contraste buscando con la vida corriente, en la que reina la fijación de las especies y de la que están suprimidos los demonios. Los reflejos desconcertantes que multiplican y dispersan la imagen del cuerpo, la fauna compuesta, los seres mixtos de la fábula y las contrahechuras de pesadilla, los injertos de una cirugía maldita y el horror blando de toques embrionarios, el mundo de las larvas y de los vampiros, el de los autómatas y el de los marcianos, completan mediante una perturbación de otra especie el sacudimiento enteramente físico con que las máquinas de vértigo destruyen por un instante la estabilidad de la percepción.

(…)

Incluso las golosinas que proponen los tenderetes de los confiteros tienen algo de inmutable en su naturaleza y en su presentación: turrón, azúcar de manzana o pastelillos de especias, en estuche de papel glaseado con medallones ilustrados y largas franjas brillantes, cerdos de pan de especias adornados allí mismo con el nombre del comprador.

El placer es de excitación y de ilusión, de desasosiego aceptado, de caídas evitadas, de choques amortiguados, de colisiones inofensivas.

(…)

Además, para aquellos que están en edad, tanto en el irrisorio autódromo como en todo el recinto de la feria, en todo artefacto de pánico, en toda barranca de espanto, donde el efecto de la rotación y el estremecimiento del miedo hacen a los cuerpos acercarse, se cierne de manera difusa e insidiosa otra angustia, otra delicia que, esta vez, proviene de la búsqueda del compañero sexual. Aquí salimos del juego propiamente dicho. Cuando menos, la feria se acercó al baile de disfraces y al carnaval, presentando la misma atmósfera para la aventura deseada. Sin embargo, una sola diferencia, aunque harto significativa: el vértigo en ella sustituye a la máscara.

*

Un exceso de majestad exige una contraparte grotesca. Pues la reverencia o la piedad populares, los homenajes a los grandes, los honores rendidos al poder supremo, amenazan peligrosamente con marear a quien asume el cargo o reviste la máscara de un Dios.

*

Resurgimientos del vértigo en las civilizaciones ordenadas: los incidentes del 31 de diciembre de 1956 en Estocolmo. El episodio en sí es insignificante y sin futuro. Pero muestra hasta qué grado el orden establecido sigue siendo frágil, precisamente en la proporción en que es estricto, y cómo las fuerzas del vértigo siempre están listas a tomar ventaja. Reproduzco el perspicaz análisis de la corresponsal de Le Monde en la capital de Suecia:

“Como lo ha señalado Le Monde, la noche del 31 de diciembre cinco mil muchachos invadieron la Kungsgatan –la arteria principal de Estocolmo- y durante cerca de tres horas ‘se adueñaron de la calle’, maltratando a los transeúntes, volcando autos, rompiendo aparadores y, finalmente, tratando de levantar barricadas con rejas y montantes arrancados de la plaza del mercado más próximo. Otros grupos de jóvenes vándalos derribaban las viejas lápidas que rodean la iglesia vecina y arrojaban de lo alto del puente que atraviesa Kungsgatan bolsas de papel llenas de gasolina en llamas. Todas las fuerzas de policía disponibles acudieron a toda prisa al lugar. Pero su irrisorio número –apenas un centenar de hombres- hacía difícil su tarea. Sólo después de varias cargas a sable limpio y luchas cuerpo a cuerpo de diez contra uno, pudieron los policías quedar dueños del terreno. Casi linchados, varios de ellos hubieron de ser llevados al hospital. Unos cuarenta manifestantes quedaron detenidos. Su edad  variaba entre quince y diecinueve años. ‘Es la manifestación más grave que se haya desarrollado en la capital’, declaró el prefecto de policía de Estocolmo.
“Esos hechos han suscitado en la prensa y en los medios responsables del país una oleada de indignación y de inquietud que se halla lejos de clamarse. (…) Presentan un carácter de angustia casi ‘kafkiano’. Pues esos movimientos no son ni concertados ni premeditados; la manifestación no tiene lugar ni ‘en pro’ de algo ni ‘contra’ alguien. De manera inexplicable, decenas, centenares y, el lunes, miles de muchachos están allí. No se conocen entre sí, nada tienen en común, aparte de su edad, no obedecen ni a una consigna ni a un jefe. Son en toda la acepción trágica de la expresión, ‘rebeldes sin causa’.
Para el extranjero, que bajo otros cielos ha visto niños dejarse matar por algo, esta trifulca gratuita parece tan increíble como incomprensible. Si se tratara incluso de una alegre broma de mal gusto para ‘asustar un poco a los burgueses’, se estaría tranquilo. Pero las expresiones de esos adolescentes son impasibles y malignas. No se divierten. De pronto hacen explosión en una locura destructiva y muda. Pues lo más impresionante de su turba tal vez sea su silencio. En su excelente y  breve obra sobre Suecia, François-Régis Bastide ya ha escrito:

…esos ociosos, presas del terror de la sociedad, se reúnen, se aglutinan como pingüinos, se amontonan, gruñen y se injurian apretando los dientes, se abruman a golpes sin un grito, sin ninguna palabra comprensible…

Fuera de la famosa soledad sueca y la angustia animal tantas veces descrita, que provoca esta larga noche de invierno que empieza a las dos de la tarde, para disiparse en una vaga grisalla a las diez de la mañana, ¿dónde buscar la explicación de un fenómeno cuyo eco se encuentra con otras formas en todas las ‘semillas de violencia’ de Europa y América? Porque en Suecia los hechos se destacan con mayor claridad que en otras partes, ¿a qué grupo social pertenecen antes que nada los jóvenes rebeldes? Como aprendices o dependientes de almacén, a su edad ganan salarios que habrían hecho soñar a las generaciones precedentes. Ese bienestar relativo y, en Suecia, la certeza de un porvenir asegurado, disipa en ellos la angustia del mañana y al mismo tiempo deja vacante la combatividad antaño necesaria para ‘abrirse paso en la vida’. En cambio, bajo otros cielos, el exceso de dificultades por ‘subir’, en un mundo en que el trabajo cotidiano está devaluado en beneficio de los actores de cine y de los gangsters, provoca desesperación. En ambos casos, la combatividad sin un campo de acción válida de pronto hace explosión en un desencadenamiento ciego y desprovisto de sentido…” Eva Freden.

Fondo de Cultura Económica, 1986: Ciudad de México.


Los dos jardines. Mística y erotismo en algunos poetas mexicanos/Elsa Cross

 
 


 
El ágape es sin duda más cristiano, pues es el amor de la caridad y la compasión por los demás, en tanto que el eros, en un sentido amplio y no reducido a lo que se entiende usualmente por “erótico”, es un impulso hacia el éxtasis, necesariamente interior y personal.

*

Erotismo y misticismo se muestran de pronto como un mal, una pasión devorante, incontrolable, pero que da sentido a todo; son una huida, una salida, una posibilidad de trascender la realidad insoportable con su tedio y su banalidad, su vacío y su tristeza. No importa que esa salida signifique la obsesión o la locura. Tanto la experiencia erótica como la mística siguen órbitas excéntricas, pues como dice Paz, el asceta, al igual que el libertino, son seres asociales. De hecho, necesitan vivir en el extremo, en el exceso. La opacidad y el hastío de lo cotidiano no les bastan.

*

Pita Amor
XXXII

Tú tienes todo el poder,
Tú riges el movimiento,
fabricas el pensamiento,
principio y fin das al ser.
Pero yo quiero saber
si tus fuerzas las dominas,
si cuando creas y exterminas
es timón tu voluntad;
si posees libertad
o sólo a ciegas caminas.


*

Enriqueta Ochoa

Vírgenes terrenales (fragmento)

Yo me miro y no soy sino una cripta en llamas.
Amo yo el horror de ser virgen, y quiero
vivir en el pavor que me dan mis cabellos
para en la noche ya retirada en mi lecho,
reptil inviolado, sentir la carne inútil
bajo el frío fulgor de tu pálida luz
¡Tú que te mueres, tú que ardes de castidad,
noche blanca de témpanos y de nieve cruel!

¡Mentira que somos frescas quiebras cantando en el agua!
Que un temblor de castidad serena nos albea la frente,
que los luceros se exprimen en los ojos
 y nos embriagan de paz.

Malherida,
borré la sombra del sexo entre los hombres
y me quedé vacía, a la intemperie.
Y no pude decir
hasta que se hizo carne en mi carne el amor
lo que era hallar la propia sombra, entregándose.

*

Alfredo R. Placencia

Yo descendí hasta el alma de la noche
y en sus abismos me senté.

¿En qué se piensa
cuando en el alma
se desploma el caos?

Aquí, el “vértigo de fuego” del amor se ha tornado en un “vértigo de sombra”. Y estos poemas, bastante oscuros, son un preludio de la muerte; pero están lejos de la muerte gozosa deseada por los místicos y que surge ante la promesa de la unión definitiva con un Dios en un más allá.

El mundo es distracción, obstáculo, es una fuerza enemiga. Sin embargo, la intensidad de la pasión mística se vuelve en sí misma un gran riesgo, pues si la mirada se desvía de su dirección, jalará consigo toda esa fuerza transfiriéndola al nuevo objeto. Si es éste una criatura, casi insensiblemente el exaltado amor místico se convertirá en pasión erótica.


*

Octavio Paz

Es mi creación esto que veo
la percepción es concepción
agua de pensamientos
soy la creación de lo que veo

*

Hevajra Tantra

Por la pasión, el mundo queda atado. Por la pasión, también, se libera.

*

El aspecto del tantra que considera sagrado el erotismo y la unión de la pareja, a la que ve como un vehículo hacia la experiencia suprema, impresionó profundamente a Paz,  quien dice en  Vislumbres de la India (1995): “El placer sexual es, en sí mismo, valioso. Para los hindúes es uno de los cuatro fines del hombre. Aparte de ser una fuerza cósmica, uno de los agentes del movimiento universal, el deseo (Kama) es un dios porque el deseo, en su forma más pura y activa, es energía sagrada: mueve a la naturaleza entera y a los hombres”.

*

D.T. Suzuki 
El pasado y el futuro están los dos envueltos en este momento presente de iluminación, y este momento presente no es algo que esté quieto con todos sus contenidos, pues se mueve sin cesar.

*

Octavio Paz

Juntos atravesamos
los cuatro espacios los tres tiempos
pueblos errantes de reflejos
y volvimos al día del comienzo
el presente es perpetuo


Ediciones sin nombre/CONACULTA, 2003: Ciudad de México.

La otra/ Marina Ruiz

Mujer desnuda, René Magritte






He vivido en los bordes de la locura,
queriendo saber las razones,
llamando a la puerta. Se abre.
Estuve tocando desde adentro.
Jalaludín Rumi



La otra

LA DOBLE DE MÍ MISMA
me sorprende
dice siempre ser yo,
                        pero es ella.

Se pasea siendo la otra
la que logra lo que yo no puedo,
la que se acerca al exterior
o la que está profundamente
                        Pegada al tuétano,

es risueña y llorona,
nunca se conforma
nunca logro reprimirla,
a veces, parecemos ser la misma
–épocas felices-
pero vuelve,
rebelde honesta enferma,
                        golpeándome
por detrás de la lengua,
entonces las palabras salen
y dicen más de lo que dicen,

volvemos a ser una
                        y      ninguna.

*

“LA FICCIÓN ES PENSAR
que la otra es otra
y no yo misma”


¿CÓMO SABER CUANDO HABLO
que no es
el susurro de la otra
en mi oído?

*

AYER ME SENTÍ ASTRO
los pies ligeros lanzados a otros mundos,
ayer estaba titilante,
ebria abierta en dos,
por la mitad,
borbotones de piel, lujuria y paz saltaban,
temblorosa maravillada pálida coqueta,
pisaba sobre la luna
cruzando la luz hacia las montañas,
era yo, igual que ahora,
desecha inerme inexpurgable
blanda tibia hiriente.

Era yo, la soy-ahora,
la que contempla el vacío
y se sonríe.

René Magritte
*

(…)
Te escribo hermana desde mi canto fallecido
onírico deseo de nuestro encuentro
te oigo llorar del otro lado
pego el oído al muro de nuestros días mellizos.
Somos mujeres
muchas múltiples enaguas
de abuelas mestizas, indias y canarias.
            Te escribo a ti,
pa mis adentros
quiero que goces lo que tienes
tu semblante abrazo de mis aguas
tus pies
lúdico encuentro de mis caminos
tu erótico poder de todo el cuerpo,
también mi cuerpo,
instrumento musical donde te invoco.
            Sin él,
ni música que bailes
que bailemos.

*

IV
Nadie sabe su verdadero nombre
sólo que tripula
los cohetes luminosos
del espectáculo nocturno.

*

Abajo señala mi mano,
entre las piernas la zona desnuda, a la intemperie,
retozada en los vegetales oscuros de mi bosque bajo.
Mi mano bailando sombras,
mi mano retozada buscona atrevida,
mi mano saltando al vacío de mi bolsillo,
a las sandalias pa ponerlas,
mi mano clavicordio, par de venaditos,
uno en el dorso, uno en la palma,
mi mano camino,
con las puntas de los dedos largos como rayos,
lanzados al infinito,
conteniendo la energía del firmamento.

*

A las pieles a los nombres a las notas férreas
que se dispersan en el sonido arrecife ola desenfreno.
Pasión que sale de casacordillera y desesperadaarriba
a los brazos
de este soliloquio endurecido a plena ola.

*

I
Yo tuve un ojo izquierdo desnudo,
se paseaba en un manantial de niebla,
yo escuché a una serpiente cascabel hablarme
en medio de las arenas.
Una voz sopló de lo hondo de la noche,
y un águila sagrada
surcó los mares del desierto.


Astrolabio editorial, 2011: Cuernavaca.

19.12.11

Ramses Córdoba

El tiempo pasa rápido cuando menos quieres que pase y viceversa. He ahí que volvemos al inicio de la paradoja. Nosotros somos el tiempo.


6.12.11

Brujas/Arturo Marban


“El Cajón de nuestro vehículo; la tierra en nuestros huesos”

Despierto en aquella bóveda del tiempo; ahora se que no fue así; está iluminada aunque no encuentro de donde proviene la fuente de luz, ahora lo sé. Las paredes, totalmente blancas; una ventana, que no conduce a ningún sitio. Ella está de espaldas, mientras dormía esperando el día salir, un rayo de luz incide por la ventana hacia su cuerpo; admiro su cabello rojizo; su espalda, un mapa perfecto que ningún mortal pudo haber trazado; es un milagro el observar su alas, la seda fina de color vino cubre un cuarto de ella. Despierta, voltea hacia mi, admiro el contorno de su cuerpo desnudo; su piel es tan blanca como la nieve, casi transparente; sus senos perfectos, las areolas rosadas de sus pezones pueden hacer renacer la vida en todo el universo, al menos, el mío.

Mis ojos buscan su rostro, sedientos, quieren mirar y ser correspondidos; no importa si aquel rostro pueda cegarlos para siempre; veo su cuello, mi mirada detiene su velocidad, tal vez por miedo, tal vez para seguir admirando su largo y delicado cuello. Veo su rostro, por fin lo veo, lo contemplo, quiero congelar la divina imagen de su cara mirándome; y lo hice; comienzo a sentirme cobarde; no soy digno de ella. Me sonríe; trato de grabar en mi mente sus finos labios y delgados, esos dientes perfectos… aquella sonrisa; sus ojos, aun no defino su tonalidad, solo sé que son muy profundos, tanto, que lo poco que me queda de alma se pierde en ellos; me grabo para siempre su rostro, lo hago por que nada dura para siempre, sé que en cualquier  momento me alejaré de ella.

No se su nombre, pero sé que la amo, sé que no soy digno de ella pero de alguna u otra forma soy  correspondido.

De pronto, todo se distorsiona, su cuerpo y emociones, el color blanco de las paredes y el ambiente; ella comienza a llorar, su rostro perfecto se rompe en lagrimas, yo estoy muy asustado, no entiendo lo que pasa; ahora lo sé; es mi fin, tengo que apartarme de ella; no cruzamos palabras pero nuestros ojos manejan el mismo lenguaje; me toma del brazo y comienzan a alejarme de ella; le grito que regresare por ella, que jamás la olvidare que un día volveré.

Avientan mi desnudo cuerpo sobre una superficie metálica, está frio; este cuerpo ya no es mío; siento unas manos frías que exploran mi cuerpo, lo abren, ven al interior; esas manos se hunden profundo y extraen mis entrañas, por último, abren mi cráneo y se llevan mis ideas; me cierran, soy golpeado por agua fría a presión; están lavando lo que un día fue un vehículo y nada mas; mi cuerpo; no me quiero desprender de el, es mío y de nadie mas; me maquillan de forma exagerada; nunca había usado un traje tan bonito; me acomodan en una caja, la cierran, me guardan. Todo está muy oscuro, no puedo respirar, tengo miedo; aunque no veo nada, mis ojos permanecen abiertos; los cierro y comienzo a viajar.

Abro los ojos, veo un campo perfecto, el pasto es verde con pequeñas tonalidades amarillas; a lo lejos admiro el bosque; los arboles son majestuosos, me enseñan lo pequeño que soy; alzo mi rostro al cielo, pero no lo encuentro.

Decido caminar, adentrarme al bosque, el cual es oscuro; no tengo miedo; estoy caminando, veo mis manos y me detengo; ¿qué ha pasado conmigo?; observo mi cuerpo, estoy desnudo, mi sexo es muy pequeño y no tengo vello púbico; mis pies son pequeños al igual que mis brazos y manos; tengo diez años.

-¡David, David!- escucho a gritos; supongo es mi nombre, no lo sé, no lo recuerdo; pero voy al llamado.

Observo una cabaña que ya ha visto pasar sus mejores años de vida, la puerta se abre; una vieja señora va hacia mi, creo que es mi abuela, no confió en ella, sus ojos no tienen color, son totalmente opacos; su rostro esta carcomido, no tiene mucho cabello en la cabeza, pero lo poco que tiene es color gris, como las cenizas que se van formando en mi corazón; sus brazos, a primera vista parecen dos troncos de acacia negra; los veo de nuevo; son dos brazos débiles, llenos de arrugas y huelen a putrefacción; viste de negro; bajo la vista, quiero ver sus piernas, no logro verlas, algo me lo impide, necesito verlas, no puedo, no aún; no hay vida en ella .

Comienza a acariciar mis cabellos, raspa mi rostro con la palma de sus manos; transgrede mi cuello al pasar sus uñas por encima de el; baja por mi pecho, se detiene un momento en mi corazón; avanza de nuevo, llega a mi sexo, lo toma con la mano y lo acaricia bruscamente; ahí termina su recorrido, me siento profanado; me introduce a su vieja cabaña; es ahí donde el miedo carcome mi corazón.

Aquella cabaña, huele a muerte, trato de observar a mi alrededor pero no me es posible hacerlo, no puedo moverme, no puedo gritar, no puedo defenderme; solo puedo observar a aquella vieja señora; hay gallinas en el suelo, están muertas; huelo algo con vida, claro, son las hierbas que se encuentran humeando en algún anafre; me encuentro postrado en una silla, la vieja señora se pone en frente y comienza a desnudarse  violentamente mientras baila; arranca su blusa, me enseña sus pechos, aquellos pechos marchitos, donde no existe la vida; están caídos; la piel de su abdomen esta trazada de cicatrices y quemaduras, tiene manchas en todas partes; se arranca las enaguas de color negro; veo su vello, es abundante y negro como su alma; trato de ver su piernas; maldita sea, no puedo hacerlo, no estoy permitido a hacerlo; no ahora.

Se voltea, me enseña sus carcomidos glúteos mapeados de estrías; se retira un momento, regresa con las hierbas ya humeadas; me azota con ellas, especialmente en mi sexo; se inca, toma una gallina muerta y me acaricia con ella; aun siento la sangre cálida del animal; comienza a frotarme.

- Formulae ueteres exorsismorum et excommunicationum Strigas et fictos lupos credere - Repite una y otra vez mientras comienza a frotar su cuerpo de forma sexual.

Se acerca a mi, huelo su asqueroso aliento; se acerca a mi oído y me dice algo que no puedo descifrar; ha profanado de nuevo mi cuerpo y alma.

Comienza a tocar su cabeza; mientras recorre su cabello, este se a cayendo al suelo, su piel se ve aun mas extraña; en un acto descontrolado, bajo la mirada; sus piernas; necesito verlas; entonces las veo… tiene dos patas de guajolote donde tendrían que haber dos piernas al menos humanas, dos asquerosas piernas; me da la espalda, entonces comprendo; se arranca la piel y la quema en el anafre; es ahora un animal; un vigilante de la oscuridad; sale de la cabaña, abre sus alas, vuela, la pierdo de vista.

Al fin puedo moverme, salgo de la cabaña; me siento ultrajado y comienzo a caminar sin rumbo; tres cuervos negros vuelan sobre mi, no les presto importancia; camino, camino; mis pies arden pero no hay tiempo para sobarlos; alzo la cabeza y los cuervos siguen dando vueltas sobre mi; no se quieren ir.

Comencé a correr, iba por las piedras buscando un lugar donde parar, de pronto los cuervos se habían ido; eso pensé; en la orilla del río me detuve a descansar; una joven se encuentra desnuda lavando sus ropas, olía la sangre en mi desnudo cuerpo pero ella no reparó en decir algo.

Creo que la amo, podría vivir el resto de mi vida con ella, podría si tuviera vida; me acerco a ella, pero mi trayecto es interrumpido por los cuervos. -sumérgete un rato, quédate debajo del agua, así ellos se irán- me dice sonriendo, yo le hago caso sin pensar.

De pronto la corriente me arrastra, quiere ahogarme; subo a la superficie, grito pidiendo ayuda, ella ya no está mas.

Me encuentro nadando contra la corriente, en el mismo lugar; algo rasga mi pierna, una garra, hay un monstruo debajo de este río, quiere tragarme; en un momento de valentía sumerjo mi cuerpo, no encuentro ningún monstruo pero descubro que en lugar de piernas, tengo patas de gayo; quiero despertar; decido dejar de luchar contra la corriente, dejo que ahogue mi cuerpo y con el, mi vida.

Abro los ojos, otra vez en este oscuro y reducido lugar; luz, encuentro luz; veo gente, pasan a verme, uno por uno, reconozco a todos los que me observan, no entiendo por que no me sacan de aquí; ahora lo sé; se despiden de mi, algunos llorando, otros indiferentes; Padre, veo a mi padre, se despide de mi con lagrimas en los ojos, ¿por qué no me sacas de aquí papá?, no puede oírme, nadie en este plano puede hacerlo; comienzo a llorar dentro de mi; mi padre ve directo a mis ojos y me da un beso en la frente; no me ve llorar pero
yo si logro verlo derrumbarse en el suelo, la gente lo ayuda a ponerse de pie; mi padre se aleja, quiero que sepa que siempre lo he amado y aun lo hago; me siento impotente; mi alma está llorando.

Cierran la caja, tapan mis ojos aunque yo no quiera; escucho pasos alrededor; la caja se está moviendo; se que estoy descendiendo; siento la lluvia impactando mi cajón, pongo atención, solo es la tierra; me están cubriendo; no lo hagan, araño el cajón y grito; nadie me escucha.

Relato esto en presente o pasado, no tiene importancia; acá abajo no está del todo mal, cuando la tierra se seca y el sol pega en ella convirtiéndola en polvo, escucho la historia de los demás, sus lamentos y penas; solo así puedo encontrar la vida en la muerte.

Cierro los ojos; regreso a la bóveda del tiempo como la llamo, de paredes blancas y una ventana; aún admiro a esa mujer, es mi madre; siempre ha sido ella; me concentro y duermo con ella, me abraza y protege para siempre; soy mas que un marido, hijo o hermano; somos uno solo.

3.12.11

Febrero/Simón Betarte

Febrero, 
en algún lugar de Sudamérica; 
quisiera ver la escena, 
sorberla hasta quedar beodo, 
hilarante, riéndome del acontecimiento, 
creyendo que las chicharras 
batían las alas por mí, 
un pequeño niño en brazos de una mujer 
desprendiéndose del fruto, 
sin dejar un adiós atrás; 
quisiera ver el cuadro, 
la piedad que construiría 
la simiente de este hombre de hoy, 
de perder una, 
a un ejército de madres, 
un sudario de vidas, 
escultoras de la estatua que era 
ese aprendiz de poeta 
en alguna parte 
de todos los mundos inventados, 
listo para ser diferente, 
como el gusano dentro del capullo, 
era un paisaje surrealista, 
el amor que pudo vencer la batalla, 
la bondad de mi nueva madre, 
la única, la jefa de ese batallón, 
la musa que movió los días 
y los cuadernos que me compraba 
para que dibujara lazos cual si fueran letras, 
sus manos sobre la masa del pan, 
aquellos pasos míos que se resistieron a ser dados, 
aquellas historias que solía inventarme 
como si un cachorro pudiera, 
tan pequeño, ser utópico, 
un obstinado por descubrir que el mundo 
siempre puede ser diferente, 
y aquel momento, trillado 
visto muchas veces 
en ciento de novelas 
y sagas de viejas culturas extintas 
sólo es una tierna parte de mi vida 
que empezó un día de febrero 
con cigarras en una dulce sinfonía.



http://pocosloleeran.blogspot.com

2.12.11

Jeliza Rose en Tideland/Terry Gilliam


  • Those wise eyes of yours
  •  Those big skies of yours
  •  My sweet honey rose
  •  Strange dark flower rose
     Jeliza-Rose

Fabián Vique



La chica de la fotocopiadora
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.